Como vemos, los signos de puntuación tienen un gran poder en el significado. Vamos a repasar gráficamente el uso de los signos de puntuación.
LA COMA
EL PUNTO Y COMA
EL PUNTO
PUNTOS SUSPENSIVOS
DOS PUNTOS
PARÉNTESIS
RAYA
COMILLAS
1. ¿Cuándo se convocó el Congreso de Viena? ¿Cuál fue el país anfitrión? ¿Cuáles era el principal objetivo de este congreso? ¿Qué pacto firmaron finalmente las principales potencias europeas y con qué intención?
2. ¿Quién gobernó España tras la Guerra de la Independencia? Haz un esquema con las tres etapas de su reinado.
3. ¿Cuáles eran los principales grupos sociales de la América hispánica?
4. Elige uno de los siguientes protagonistas de la emancipación de la América española (Simón Bolívar, José San Martín, Agustín de Itúrbide...) y haz un pequeño discurso con las principales causas que deberían llevar a la independencia de sus respectivos países. (ENTREGAR)
5. Completa el mapa sobre la independencia de América. ¿Qué tres únicas colonias mantuvo España? (ENTREGAR)
6. A pesar de los acuerdos de la Santa Alianza, hubo en Europa varias oleadas revolucionarias. Señala en el mapa los países (puntos) donde tuvieron lugar dichas revoluciones. (ENTREGAR)
7. Define nacionalismo con tus palabras y señala 4 naciones que se formaron en el siglo XIX.
8. Explica por qué el Reino Unido fue una gran potencia durante el reinado de la reina Victoria.
9. ¿Qué guerra puso fin al Imperio francés? ¿Qué sistema político tienen en Francia desde entonces?
10. ¿Quiénes se enfrentaron en la guerra de Secesión en EEUU? ¿Quién acabó ganando la guerra?
11. Después de ver el vídeo, copia el esquema comparativo entre la 1ª y la 2ª Revolución Industrial que aparece en tu libro. (ENTREGAR)
12. Explica las causas del retraso industrial de España. Explícalo como si fueras un liberal al que le gustaría que su país fuera más avanzado. (ENTREGAR)
13. Explica las condiciones de vida de los obreros. Para ello, lee el texto de la página 77 y toma nota de este vídeo sobre el trabajo de los niños. A continuación, escribe una carta como si fueras un joven obrero de un barrio de Londres contándole a tu familia, que está en el campo, cómo es tu vida en la ciudad. (ENTREGAR)
14. Explica en qué consistió el movimiento obrero. Representa el papel de un dirigente sindical (Trade Unions) y explica a tus compañeros de fábrica cuáles son vuestras reivindicaciones (recuerda hacer una crítica al capitalismo pero, por otro lado, rechaza el comportamiento del luddismo) (ENTREGAR)
15. Define los siguientes términos: proletariado, fordismo y sufragismo.
16. Copia en tu libreta el esquema de las ideologías del siglo XIX (ENTREGAR)
17. Pinta un cuadro correspondiente al Impresionismo siguiendo la técnica de la pincelada rápida o puntillismo. (ENTREGAR)
FECHAS DE LA EMANCIPACIÓN
- Primeras independencias: Paraguay (1811) y Uruguay (1813)
- San Martín consigue la independencia de Argentina (1816). Luego liberó Chile (1817).
- Simón Bolívar fue el artífice de la independencia de Venezuela entre 1818-1819. Después su lugarteniente Sucre liberó Ecuador (1822). Se formó la Gran Colombia (Venezuela, Colombia y Ecuador).
- En 1821, Agustín de Itúrbide logró la independencia de México. En 1822, las colonias de América Central se emanciparon.
- En 1824 cayó Perú, y en 1825, Bolivia.
Como hemos comentado en muchas ocasiones, nuestras ideas, nuestra mente, siempre van más rápido que nuestro bolígrafo. Por ello, a la hora de plasmar dichas ideas por escrito solemos cometer errores. Partiendo de la premisa de que “de los errores se aprende”, aquí os dejo los principales errores expresivos que habéis cometido en la última prueba para que toméis nota y tratéis de fijaros más la próxima ocasión:
- Pon el título con diferente tipo de letra.
- Respeta los márgenes del folio.
- Diferencia bien las ideas por párrafos, usando el punto y aparte y la sangría.
- Recuerda subrayar los títulos de los libros.
- Evita la repetición de palabras, utiliza sinónimos.
- Evita el uso de palabras comodín (cosa, tema, algo, bueno, malo, haber, tener, hacer, etc.) buscando la precisión léxica.
- Evita el uso de palabras coloquiales y busca otras más apropiadas al tipo de texto escrito.
- Utiliza oraciones breves, separando cada parte de tu idea con signos de puntuación (evitando la excesiva subordinación) y enlazándolas a su vez con conectores. Aquí tienes una ficha con los principales conectores.
- Fíjate también en la sintaxis: revisa que tus oraciones tengan una estructura completa de sujeto y predicado. En muchas ocasiones, están ausentes los sujetos (os ponéis hablar sobre un personaje y no lo habéis presentado previamente).
- No repitas ideas, y organízalas correctamente.
- Comprueba que tus contestaciones responden de forma justificada y completa a lo que se pregunta.
Con todos estos consejos y, sobre todo, a partir de vuestros propios errores, recordad que a escribir se aprende escribiendo, así que… SEGUIMOS.
Los ojos verdes
Fernando, el hijo mayor de los marqueses de Almenar, había salido a cazar por la falda del Moncayo, en Soria. Lo acompañaban Íñigo, su criado, y una partida de cazadores, caballos y perros. Fernando había conseguido darle a un ciervo. Y el ciervo, herido, había echado a correr tratando de huir.
—Señor, no hay duda de que lo ha lastimado —dijo Íñigo—. Mire el rastro de sangre entre las zarzas del monte. ¡Ha sido un tiro perfecto! ¡Tiene una puntería extraordinaria!
Íñigo siguió con la mirada el rastro del animal herido e hizo una pausa.
—¡No puede ser! —exclamó asustado—. ¡El ciervo se dirige a la fuente de los Álamos! Si no se lo impedimos, tendremos que darlo por perdido.
Acto seguido, llamó a los demás hombres y les ordenó que intentaran cortarle el paso al animal a la altura de unos árboles que había a cierta distancia.
Tras la orden, en los valles del Moncayo resonó el bramido de las trompas, los ladridos de los perros y las voces de los criados. Todos corrieron a atrapar al ciervo, pero no lo lograron. Cuando el perro más rápido llegó a los árboles que había señalado Íñigo, el ciervo ya había desaparecido por un camino que llevaba a la fuente de los Álamos.
—¡Alto! —gritó Íñigo—. ¡Alto todo el mundo! No podemos hacer más. El destino ha querido que el ciervo se escape.
Los hombres dejaron de tocar la trompa, los caballos se detuvieron y los perros abandonaron la persecución a regañadientes. Fernando, el hijo de los marqueses de Almenar, se acercó a Íñigo. Por su mirada se notaba que estaba enfadado.
—¿Qué haces, imbécil? —le gritó a su criado—-. Si no atrapamos a ese ciervo, morirá en el bosque. Yo no he venido a cazar para dar de comer a los lobos.
—Señor —murmuró Íñigo entre dientes—, no podemos pasar de aquí.
Fernando miró a Íñigo con expresión de sorpresa.
—¿Se puede saber por qué? —le preguntó.
—Porque ahí detrás está la fuente de los Álamos.
Y, a continuación, Íñigo le explicó a su señor que en las aguas de la fuente habitaba un espíritu maligno. Y que ese espíritu castigaba a cualquier persona que se atreviera a tocarlas.
—Todos los cazadores del Moncayo lo saben —añadió—, y todos se mantienen alejados de la fuente.
Fernando escuchó las palabras de su criado y luego exclamó:
—¡Pues yo no pienso renunciar a ese ciervo! ¡Prefiero perder la riqueza de mis padres o vender mi alma al diablo! Tal vez logre alcanzarlo antes de que llegue a la fuente. Y, si no, me da lo mismo: no creo en supersticiones ni leyendas de pueblo.
Dicho esto, Fernando azuzó a su caballo y ambos se alejaron hacia la fuente. Íñigo los siguió con la vista hasta que se perdieron entre la maleza. Después miró a los hombres que lo rodeaban.
—Vosotros lo habéis visto —dijo— y sois mis testigos. He advertido a mi señor del peligro y no me ha hecho caso. Que quede claro que no soy responsable de lo que pase. No hay que jugar con el diablo.
Pasaron los días. Íñigo estaba preocupado por su señor, Fernando. Desde que se había adentrado en la fuente de los Álamos en busca del ciervo herido, lo veía pálido, triste, solitario.
—¿Qué le pasa, señor? —le preguntó—. Todas las mañanas se marcha solo a la montaña y no vuelve a casa hasta que se esconde el sol. Llega cansado, pero no ha cazado nada. ¿Qué hace tantas horas fuera de casa?
Fernando jugaba con el cuchillo de monte y le sacaba astillas al banco de madera donde estaba sentado. Era como si no estuviese allí, como si no escuchase las palabras del criado. Íñigo calló y se hizo el silencio. Un rato después, su señor levantó la cabeza y dijo:
—Íñigo, tú que eres viejo y conoces bien el Moncayo, ¿has oído hablar de una mujer que vive entre sus rocas?
—¡Una mujer! —exclamó con asombro el criado.
—Sí, una mujer —repitió Fernando—. Mira, Íñigo, voy a contarte un secreto. Pensaba que podría guardarlo, pero no es así. Tal vez tú me ayudes a resolver el misterio, a descubrir quién es esa criatura que solo yo he visto. Sin decir nada, Íñigo cogió su banco y se acercó a su señor. Se notaba que estaba asustado.
—Todo cambió el día que fui a la fuente de los Álamos —reconoció Fernando.
Y entonces le describió a su criado lo que había visto. Le describió el nacimiento de la fuente entre unas rocas y el goteo del agua sobre las hojas de las plantas. Le describió esas gotas cristalinas, que formaban un cauce y avanzaban a pequeños saltos hasta desembocar en un lago. Le describió el rumor del agua, su murmullo, su música.
—Cada día voy hasta el lago y me siento en una roca. Veo saltar el agua hacia una balsa profunda y tranquila que hay debajo —añadió Fernando—. La soledad es inmensa, pero no me siento aislado. Me acompañan los sonidos de la naturaleza, las hojas plateadas de los álamos, las rocas firmes del monte y las ondas suaves del agua.
Fernando hizo una pausa y continuó:
—El día que salí corriendo tras el ciervo herido, creí ver un brillo en el fondo de esas aguas. Creí ver los ojos de una mujer. Tal vez fuera el reflejo de un rayo de sol o una de esas flores que crecen junto a las algas, no sé. El caso es que yo sentí una mirada que se clavaba en la mía, una mirada que me ha cautivado y no me deja dormir.
Fernando le confesó a Íñigo que una tarde se había encontrado a una mujer en la roca donde él solía sentarse. Una mujer muy hermosa. Tenía el cabello dorado y las pestañas le brillaban como hilos de luz.
—¡Y sus ojos eran los mismos que días atrás yo había visto en el fondo del agua! —exclamó Fernando—. Unos ojos…
—¡Verdes! —lo interrumpió Íñigo.
El criado se había levantado de un salto, aterrado. Fernando lo miró sorprendido.
—¿La conoces? —le preguntó.
—¡No! —respondió Íñigo—. ¡Ni quiero conocerla! Mis padres me repitieron mil veces que el espíritu de la fuente tiene los ojos verdes. Y que castiga con la muerte al que entra en sus aguas. ¡Por favor, señor, no vuelva a ese sitio!
La expresión de Fernando era de tristeza.
—Íñigo, por una mirada de esos ojos sacrificaría el amor de mi padre, los besos de mi madre y el cariño de todas las mujeres de esta tierra —dijo.
Y lo dijo tan decidido que nadie podría haberlo convencido de otra cosa. Íñigo, impotente, lo miró con pena y una lágrima silenciosa se derramó por su mejilla.
Fernando volvió a la fuente de los Álamos. Una y otra vez. Hasta conseguir lo que estaba deseando. Caía la noche y el sol se escondía tras la cumbre del Moncayo. Un viento suave gemía entre los árboles y una niebla espesa ascendía desde la superficie del lago. Fernando estaba arrodillado a los pies de una mujer, al borde de una roca que se alzaba sobre las aguas. Era una mujer muy hermosa. Tenía la piel tan blanca que parecía una estatua. Uno de sus rizos dorados le caía sobre el hombro, como un rayo de sol que acaricia las nubes. Y el brillo de sus ojos verdes hacía pensar en dos esmeraldas.
—¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Dónde está tu casa? —preguntó Fernando—. Contéstame, por favor. Seas quien seas, te quiero y te querré siempre.
Cuando el joven terminó de hablar, los labios de la mujer se movieron. Pero en vez de pronunciar alguna palabra, solo dejó escapar un suspiro. Un suspiro débil y apagado, como un delicado soplo de brisa.
—Vamos, contéstame —insistió Fernando—. Quiero saber si me quieres, quiero saber si eres una mujer…
—¿O un demonio? —lo interrumpió ella—. ¿Y si lo fuese?
Fernando vaciló un instante. Un sudor frío le recorrió el cuerpo. Pero entonces se volvió a fijar en los ojos de aquella mujer y, fascinado, exclamó:
—¡Si fueses un demonio, te querría de la misma manera!
—Fernando —dijo la mujer—. Yo también te quiero. Su voz parecía música.—No soy una mujer como las demás —añadió—. Soy un espíritu y vivo en las aguas de esta fuente. Yo no castigo al que entra en ellas. Al contrario, lo premio con mi amor. Lo premio por no creer en las supersticiones de la gente. Lo premio por comprender que mi amor es de otro mundo.
Mientras la mujer hablaba, Fernando la miraba cautivado. Su hermosura lo atraía con una fuerza desconocida. Y, sin darse cuenta, fue acercándose al borde de la roca.
—¿Ves el fondo cristalino del lago? —continuó ella—. Esas plantas de hojas verdes nos servirán de cama. Ven, quiero hacerte feliz. La niebla es cada vez más espesa, las ondas del agua nos llaman y el viento ya canta. ¡Ven conmigo, sígueme!
Había anochecido y la luna brillaba sobre el lago. La niebla lo envolvía todo y los ojos verdes de la mujer resplandecían en la oscuridad. Fernando solo la oía a ella, solo veía sus ojos. La mujer le pedía que se acercase, que se pusiese a su lado. Le estaba ofreciendo un beso.
El joven avanzó hacia el precipicio sin darse cuenta. Dio un paso hacia la mujer y luego otro. De pronto sintió unos brazos delgados alrededor del cuello y una sensación fría en sus labios ardientes. Un beso de nieve. Fernando se tambaleó y perdió el equilibrio. Cayó al lago. Las aguas saltaron formando chispas de luz y se cerraron sobre su cuerpo. Y las ondas plateadas avanzaron hasta desaparecer en la orilla.
MORBUS AMORIS ("El amor como una enfermedad")
1. CORDILLERAS.
- Pirineos
- Montes Urales.
- Cordillera del Cáucaso (Elbrus: monte más alto)
- Alpes (Mont Blanc)
2. ISLAS (tierra rodeada de mar)
- Islandia
- Sicilia
- Islas Británicas
3. PENÍNSULAS (tierra rodeada por mar excepto por una zona)
- Península Ibérica
- Península Itálica
- Península Escandinava
4. MARES (masa de agua)
- Mar Negro
- Mar Mediterráneo
- Mar del Norte
5. LLANURA (superficie llana a poca altura)
- Gran Llanura Europea.